Gaby_Amarantos_-_Altas_Horas_(3)
Por Circuito Fora do Eixo -Gaby Amarantos no Altas Hora, 29/03/12, CC BY-SA 2.0

 

“La homosexualidad no es una enfermedad. La homofobia sí” (Consigna)

A Enrique, por su paciencia y participación.

 

El 1ro de diciembre de 2015 murió una de las mujeres que más he querido en mi vida y con quien construí un vínculo fraterno inédito gracias a las magias de la amistad. Hoy, a cuatro meses de su metamorfosis, sigo llorándola, sigo extrañándola, sigo sintiendo que todo es más difícil sin ella. Hoy poco me consuela de su muerte, pero sigo aquí viviendo, escribiendo, agitando y recordándola.

Ese mismo día recibí el primer imail a autoayudaqueer@gmail.com en el que se me solicitaba una reflexión sobre la homofobia internalizada, en especial esa que se manifiesta en la erotofobia. Demás está decir que cuando pude llegar a mi correo –no recuerdo con claridad el día– me emocionó saber que alguien se había animado a pedirme que continuara la conversación solidaria que inicié en Borrador de auto-ayuda queer y otros ensayos raritos. Sin embargo, la tristeza, el luto y el duelo me paralizaron.

No pude escribir por muchos días. No pude siquiera entrar a la bitácora de ese proyecto (https://autoayudaqueer.wordpress.com) porque me remitía a Laura y me activaba el dolor extrañamente. Hace un par de semanas pude entrar y romper el silencio que me dejó su muerte. Creo que me sonrió cómplice. Creo que se alegró conmigo. Quiero pensar que ella también me extraña. [Enrique, como puedes ver, esta pena no me suelta y me asalta a toda hora, pero sigo.]

Creo que la homofobia internalizada es una de las huellas más duraderas y perversas del prejuicio y la discriminación en todas sus formas. Creo que una vez se te instala – ya que todxs somos socializadxs y maleducadxs por la misma heteronorma implacable– requiere de una lucha persistente y heroica para dejarte en paz. Creo que siempre está al acecho como un virus perverso que no se cura, ni se aplaca. Creo que la homofobia internalizada es el antídoto preferido para perpetuar la culpa, el trauma y la desolación en la gente cuir.

Al mismo tiempo, considero que la fobia al sexo y a toda manifestación erótica, en especial si no está atada a la reproducción compulsoria, ha sido uno de los mayores éxitos de las traiciones religiosas a nuestro cuerpo. De igual forma, ese repelillo por lo erótico es parte de la tramoya moderna del régimen procreador de trabajadorxs y consumidorxs a tutiplén, sin otro fin que el servilismo al capital.

Por lo tanto, la reproducción creativa del placer y del gozo, la experimentación lúdica con nuestras pieles, la caricia atrevida, concupiscente, arrojada, feroz y tierna son algunos de los antídotos contra tamaña enfermedad. Pero, no son los únicos. Nos toca a todxs lxs locxs, a todxs lxs patxs, a todxs lxs cuir seguir inventando, creando y conspirando curas contra la homofobia interna y externa.

Sugiero también la compasión combativa, o sea, una suerte de empatía guerrillera que reconoce que el virus –léase, la homofobia internalizada– es terrible, pero evita a toda costa seguir machacando a la persona que lo sufre. A esa persona cuir doliente la pompeamos, le prestamos fuerzas, le compartimos estrategias, le acompañamos en su liberación curativa.

Sabemos bien que la homofobia, en todas sus expresiones, no descansa. Sabemos que es como un fantasma que habita todas las horas, todos los sitios, todas las formas.

Tampoco descansaremos nosotrxs hasta que la extirpemos, hasta que la arrinconemos al silencio y a la inexistencia. No descansaremos. Seguiremos aquí, viviendo, escribiendo y agitando para que deje de existir algún día.

Esa muerte será pura fiesta, puro gozo, puro erotismo sublime. A la homofobia no la extrañará nadie.

 

 

Advertisements