Publicidad Borrador Auto-Ayuda_Librería ICP

Agradezco de manera especial la oportunidad de conversar sobre este libro, Borrador de auto-ayuda queer y otros ensayos raritos de la colega y amiga Lissette Rolón Collazo. Admito que lo compré con un poco de aprehensión. Los libros de auto-ayuda no representan, en su mayoría, el tipo de literatura que me atrae. La aversión viene porque muchos de estos libros descansan toda la responsabilidad de ayudar-se en el o la individuo y muchas veces obvian el entorno cultural, las condiciones materiales y todas esas otras causales de des-ventura sobre las que no tenemos ningún control.

Con estas preocupaciones me compré el libro y me propuse leerlo durante un corto viaje a Nueva York en el cual, entre otras cosas, asistiría a tres días de reuniones con hombres gay latinos, líderes nacionales de diferentes edades y nacionalidades para comenzar un diálogo. Desde el principio, la autora nos dejó saber que es consciente de que estas preocupaciones surgirían entre los lectores y fue muy bueno saber que ella estaba al tanto de la desconfianza que estos libros pueden generar.

Luego de tres años en Puerto Rico, esos tres días en la Ciudad de Nueva York funcionaron para recordarme que la naturaleza del trabajo comunitario en poblaciones de color incluye un elevado componente de cuidado por los otros y otras. Un genuino interés por sostenernos y apoyarnos mientras discutimos y debatimos. Un sincero ejercicio de escucharnos y de privilegiar nuestro compromiso con los conceptos de familia, comunidad y jotería (aquí se diría patería). Ese grupo y sus variadísimas representaciones de género masculino fue un contexto perfecto para poder disfrutar el libro.

Esto es así porque me convencí que el Borrador de auto-ayuda queer partía de ese mismo compromiso que disfrutaba en el encuentro de hombres gay latinos. El Borrador de auto-ayuda queer está escrito para apoyarnos privilegiando los conceptos de familia, comunidad y jotería con los que estamos comprometidos. Luego de un rato leyendo, intuimos que el Borrador de auto-ayuda queer se escribió después de mucho escuchar. Un libro de auto- ayuda diferente porque si de algo es consciente es de nuestro entorno, ofreciéndonos destrezas para navegarlo mejor. Página tras página tras página perdía la desconfianza y me ganaba lo saludable o curativo que puede ser su lectura. El libro es más que nada una propuesta, que nos dice que tal vez no todo está resuelto, y que deja espacio para que completemos algunos ensayos. ¿Cómo desconfiar de un libro que se propone cómo “provisional”, en “proceso” que “aspira a fomentar la solidaridad a través del diálogo, la reflexión y la compañía.”

El libro está escrito para provocar y encontramos muchas referencias a Paco Vidarte, la gran mayoría de ellas de su conocido ensayo Ética marica. Tratado, digo yo, desesperado, en el que Paco Vidarte trata de encontrar puntos de encuentro entre lo marica y otras opresiones. Y Lissette Rolón Collazo, un poco, trata de adecuar el trabajo a Puerto Rico. Su descripción del juego “yo la quería” nos remonta a un pasado común, el de los juegos que temprano inventamos con vecinitas y primos para que, de forma segura, nuestros alter ego se expresaran y nos permitieran explorarlos en el espacio seguro de un juego.

El ensayo sobre el closet se me ocurre que hubiera querido leerlo a los 15 años. Esa descripción de cómo salimos del closet continuamente y cómo a diario se crecen las oportunidades en la medida en que todos los días el patriarcado y el heterosexismo se impone, se re-crea y re-produce a cuesta de nuestro silencio o cansancio, hubiera sido buena. Porque uno se cansa de salir del closet, no porque una sea closetera, sino porque una se da cuenta de que no debe ser necesario tener que aclarar tantas jodías veces que nuestro deseo o nuestro amor es diferente. Además, advierte, que no siempre es saludable o seguro salir del closet. Esto es algo que se debe repetir y repetir y que muchos y muchas activistas a veces olvidamos. Yo he visto adultas que después de criar sus hijos salen del closet; entonces insisten que todos y todas las demás tienen que hacer lo mismo. Rápido se les olvida esos años que el closet las protegió y las cobijó en lo que se hicieron fuertes para salir.

El ensayo sobre la familia, y cómo su pareja es presentada a los demás como una “amiga de la familia” es también necesario, y saludable, escrito con un poco de humor (y todos sabemos que, a veces, nos resignamos a los absurdos por los que se retuercen nuestros familiares para no nombrar lo obvio), nos remonta y nos hace conscientes de esas experiencias que los raritos tenemos en común. Y nos reímos. Propongo que esa es otra de las cualidades de este libro, nos da la oportunidad de reconocer que una opción ante estas barbaridades es reírnos de lo absurdas que pueden ser. Y propone Lissette y cito “que la familia no sea Ley.  Que nuestras amantes no tengan que aplicarse un nombre o una palabra para contar.” Una propuesta, radical, en un país tan patriarcal y tan obsesionado con las relaciones sanguíneas. Y después de esto ya yo no pude parar de leer.

El libro nos da un corto recorrido por las absurdas y arcaicas leyes de sucesión en este país y nos advierte de cómo protegernos. Y también nos habla de la ausencia, de la enfermedad, de la muerte y de no estar. Un poco nos camina por esos temas, para algunos escabrosos, demostrando cómo los caminos son diferentes para las queer, para los raritos, como también son diferentes las redes de apoyo disponibles. Admiro la valentía, y este es un punto que para mí, refuerza y hace el compromiso claro del libro con sus lectoras y lectores queer y es que tira la familia sanguínea al medio. Lissette no toma rehenes, dispone de cómo la familia hetero puede ser, en su afán de reproducirse, un obstáculo, un enemigo, una traidora. Sin pena ni coraje, como un hecho, y lo ilustra en esos mismos ejemplos de enfermedad, de muerte, de ausencia en los cuales, a veces, nuestras parejas, nuestras amigas quedan desposeídos o solas. No para hacerte llorar o atribularte, sino para que te protejas. De veras el Borrador de auto-ayuda queer es rico en ejemplos de solidaridad, desde su reflexión sobre el nombre, cuando frente a un salón, respeta y honra el nombre de Sam, su estudiante trans hasta el señalamiento de esas necesidades que tenemos los queer en la vejez.

Yoryie con Borrador

Su reflexión “Discriminaciones que se niegan a decir su nombre” un poco retoma el tema de Paco Vidarte de hacer conexión entre todas las discriminaciones y denuncia el silencio que en Puerto Rico rige cuando estos temas se mencionan, los presenciamos o hasta los experimentamos. Y denuncia no solo el discrimen, sino el silencio en el cual crece y se regodea. Por esto en su ensayo “Locas atevidas” hace un llamado a hacer, y cito “un frente común en defensa de nuestras locas. Vamos a reivindicarlas. Vamos a proteger en ellas un poco de lo que somos todas” y subrayé NUESTRAS porque aquí, sospecho yo, el llamado es a nosotros mismos, los otros queer, los queer que a veces pasamos y que, en ocasiones, salimos corriendo cuando vemos una loca partía o una bucha en guayabera porque creemos que “esas son las que nos hacen daño”. Eso es lo que admiro de este libro, el mismo es fiel a su título y establece, pienso, una jerarquía de solidaridades, y bien alto, en esta jerarquía está lo más vulnerable (que no es lo mismo que frágil), lo más vulnerable de nuestras comunidades, lo queer, lo trans, lo rarito, y nos recuerda que por ahí comienza la solidaridad con esas más vulnerables, un poco porque sin esa solidaridad nunca aprenderemos a querernos por eso dice “proteger un poco de lo que somos todas”.

Gracias Lissette por escribirlo. Necesitamos más libros de auto ayuda, que nos enseñen a cuidarnos, tanto como individuas, pero más importante, como comunidad. Gracias por añadir humor, paciencia y amor a muchas de las vivencias que describes. Gracias por tu compromiso con lo queer, con lo diferente, con lo trans. Reconozco que el libro es producto de muchas conversaciones y leo a Laura Náter como una interlocutora que atraviesa el libro. Solo deseo que el recuerdo de esas discusiones siga enriqueciendo tu escritura. Mi primer libro gay fue Gay American History de Jonathan Ned Katz, el cual me politizó, pero me dejó mucha rabia. Sospecho que este libro es mucho mejor para empezar y lo que deja es amor, compromiso y solidaridad.

Presentación del Borrador de auto-ayuda queer y otros ensayos raritos en el Instituto de Cultura Puertorriqueña el 11 de diciembre de 2015.

 

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